Lesiones infantiles, un problema muy particular

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Lesiones infantiles, un problema muy particular

 

He estado repasando el blog y he visto varias preguntas relativas a los más pequeños de la casa. Por eso me gustaría cederle este espacio a uno de mis colegas más queridos y miembro de iQtra desde hace ya mucho tiempo y así empezar a aplicar lo que anunciábamos en el último post de 2010 acerca de abrir el blog a otros profesionales del equipo. Se trata deRafael Durá, especialista en Traumatología y Ortopedia infantil con quien trabajo desde 1996, y con quien este año ¡celebraré 15 años de colaboración conjunta!Considero que nadie mejor que él, para hablaros de las lesiones que más afectan a los niños y, sobre todo, de cómo tratarlas, pues la manera de actuar en estos casos no siempre coincide con lo que se hace en los adultos. Le cedo la palabra. 

Lo primero que cabría decir para empezar es que no todas las lesiones que acaban en el traumatólogo infantil son fracturas óseas. Eso, aunque podría parecer un dato positivo no lo es tanto si tenemos en cuenta que en los menores de cinco años, muchos traumatismos catalogados como esguinces (distensión, torsión o desgarro de los ligamentos que unen los extremos óseos de la articulación y de dan sujeción y estabilidad) en realidad esconden una pequeña fractura que puede pasar desapercibida si no se hace una radiografía para ver la naturaleza exacta de la lesión.

La importancia de una buena exploración radiológica
De esta manera los rayos X se convierten en los principales aliados de los especialistas que atienden al niño en urgencias a la hora de descartar o no el daño del llamado cartílago de crecimiento, que es la zona por la que ha de crecer el hueso (se mantiene en su forma cartilaginosa hasta que finaliza este proceso; luego se trasforma en hueso esponjoso). En caso de confirmar este diagnóstico, es necesario pasar por quirófano para que la evolución normal del hueso no se vea afectada.
No obstante, y aunque no es del todo cierto eso de que los niños son de goma (aunque sus huesos son ciertamente más flexibles y sueldan mejor que los de los adultos), la mayoría de las veces no será necesaria la intervención quirúrgica. Es más, en ocasiones ni siquiera será necesaria la escayola.
Un trabajo publicado recientemente en la revista Canadian Medical Association Journal señalaba que en las fracturas de muñeca (una de las más habituales en los pequeños) en las que no se ha dañado el cartílago de crecimiento ni ha habido un desplazamiento de los huesos, es posible solucionar el traumatismo con férulas desmontables, en lugar de con las escayolas de toda la vida. 

En iQtra somos unos firmes defensores de la movilización temprana y este tipo de férulas es esencial en este sentido. En los adultos nos sirve para aplicar las pautas de rehabilitación cuanto antes. En el de los niños, nos ayuda a que el pequeño sobrelleve mejor su trastorno, se sienta menos impedido y pueda hacer actividades, como bañarse, sin desatar una pequeña hecatombe doméstica.

Los autores del trabajo también destacan la comodidad a la hora de quitarlas y ponerlas y el hecho de que se evita el miedo que puede tener el pequeño cuando se emplea la sierra para quitar el yeso convencional. No obstante, las fracturas más complicadas deben seguir resolviéndose con escayolas.
Fracturas especiales en los niños
Y es que en los menores de cinco años son más frecuentes dos tipos de roturas óseas que dejan de ser habituales en los chavales más mayores. Nos referimos a las fracturas de tallo verde (el hueso se dobla, pero no llega a partirse por completo, sólo se astilla parcialmente) y las denominadas ‘en rodete’ (el hueso se ‘arruga’ por la compresión que recibe desde ambos extremos; no llega a romperse, pero se deforma).
Por todo ello, me gustaría insistir en la necesidad de hacer una radiografía siempre que el niño haya sufrido un golpe de cierta consideración para diferenciar si estamos ante una rotura, un esguince o una luxación (en este caso el hueso se desencaja de la articulación, pero no se rompe nada), ya que su esqueleto presenta particularidades que pueden despistar a los especialistas habituados a tratar con adultos. 
Es más, es importante rastrear la existencia de lesiones internas cuando el niño ha sufrido un golpe en el pecho porque, incluso aunque no haya fractura ósea, puede presentarse. Esto se produce porque el esqueleto se deforma, pero no llega a romperse, en cambio, los tejidos blandos sí sufren el impacto.
Y, como siempre, lo mejor es prevenir
Para finalizar, me gustaría ofreceros una serie de consejos que pueden evitar, o al menos reducir, el número de visitas a los servicios de urgencias con los más pequeños de la casa.
Las fracturas más frecuentes son las que se producen por caídas desde cierta altura. Muñeca, mano y antebrazo (especialmente el codo) son las de mayor incidencia. Por ello es importante no dejar al niño sin vigilancia en parques y columpios, atarlobien cuando esté en sillitas y tronas y tratar de que use atracciones infantiles (toboganes y demás) de plástico, sin aristas y rodeados por una superficie que pueda amortiguar el golpe en caso de caída (césped, suelo de goma, arena…).
También es importante que el pequeño lleve casco, rodilleras y coderas cuando use bicicleta (aunque vaya de paquete) o patines. 
No obstante, los niños suelen necesitar nuestros servicios al menos una vez en la vida, de manera que si se sospecha de la existencia de una fractura lo mejor es inmovilizar el miembro con un cabestrillo doméstico (con un pañuelo o una camiseta se puede improvisar uno), no tratar de colocar los huesos porque podemos dañar los tejidos adyacentes y que sea peor el remedio que la enfermedad, daranalgesia para calmar el dolor y acudir rápidamente a un servicio de urgencias, donde pediremos una radiografía.
Posteriormente es necesario hacer un seguimiento estrecho (fundamental cuando hay cirugía) cada pocos días para comprobar que el hueso está soldando bien alineado ya que de lo contrario habrá que recurrir de nuevo al bisturí para solucionar dicha desviación o angulación ósea.
*Dr. Rafael Durá

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